Institucional

Historia de la Fundación

Desde 1989 en el centro de la cultura uruguaya.

Un comienzo de destornillar butacas.

Un día de mediados de Agosto de 1989, un grupo de gente entre los que se encontraba el propio Gerente General del Banco, se atareaba en preparar la sala del Cine Plaza, en una carrera contra el tiempo. Había que destornillar las diez primeras filas de butacas para ampliar el escenario y permitir la instalación de los 108 músicos de la Orquesta Mundial de Juventudes Musicales; adaptar la tenue iluminación del cine para destacar cada instrumento, y calefaccionar el ambiente para la comodidad de los músicos y del público, entre otros mil y un detalles a solucionar.

La situación no era consecuencia de ninguna imprevisión por parte de los organizadores. Simplemente que un paro municipal impedía, de buenas a primeras el uso del Teatro Solís, sede original de ese concierto, el primer gran evento público de la recién creada Fundación.

El 23 de agosto de 1989, por fin, se realizó el primer concierto de la Orquesta Mundial de Juventudes Musicales en Uruguay. Todo salió a la perfección y esa fecha fue considerada, desde entonces, como la del bautismo, de la Fundación y todo un signo de su modo de trabajar, hasta hoy. Ese acto refleja el espíritu de la Fundación. En primer lugar, apoyar y difundir todas las disciplinas relacionadas con la formación y el quehacer cultural de la comunidad, pero al mismo tiempo, hacerlo comprometiéndose con los proyectos, sintiéndose y siendo parte de los procesos que los han de llevar a buen fin.

Ese compromiso integral con la comunidad y su cultura se expresaba así en 1989 y se sigue manifestando hoy, bajo otras formas y los mismos principios. Está presente, por ejemplo, cuando la Fundación crea el primer diploma en Gestión Cultural, con el fin de proporcionar herramientas capaces de trabajar la Cultura, atendiéndola en toda su complejidad.

Cuando se crea Fundación era poco común que una empresa privada se involucrara en la actividad cultural. Las palabras “sponsorización” o “mecenazgo empresarial” aún sonaban extranjeras en el Uruguay. Menos aún que una empresa creara su propia Fundación.

Sin embargo, para el Banco la experiencia era conocida, puesto que desde 1974 existía en Argentina. La idea y la experiencia estaban, entonces disponibles, sólo faltaba encontrar la oportunidad. La misma llegó en 1988, cuando, aprovechando la visita a Buenos Aires de los filósofos españoles Julián Marías y José Ferrater Mora, se propuso extenderla a Montevideo. Su éxito decidió el paso consecuente, la creación de una Fundación en Uruguay.

Si bien el área de apoyo a la cultura ha sido y es emblemática de la Fundación, no ha sido la única. Altamente significativo fue, desde sus orígenes el apoyo al pensamiento y formación en el campo empresarial. En 1991 se creó La Escuela Uruguaya de Comercio Exterior (homónima de la Escuela Argentina).

Cuando “imposible” no existe.

Impulsar, contribuir y desarrollar proyectos inéditos, ambiciosos e “imposibles” fue una marca de fábrica de la Fundación en su período inicial, en un tiempo en que tal cosa era tan necesaria como novedosa.
Junto a grandes eventos, la Fundación apoya y encara numerosos proyectos de retornos menos espectaculares. Apoyos que incluyen pequeños y medianos proyectos y actividades de personas e instituciones que trabajan en la educación y capacitación, o en el teatro, la música, la pintura y la edición de libros.

Para llevar adelante su tarea Fundación Itaú trabaja con organizaciones y empresas privadas y públicas. Esto ha permitido desarrollar numerosos proyectos y emprendimientos. Los ejemplos son numerosos y la lista de organizaciones amigas, extensa.

Con el tiempo se ha multiplicado el número de proyectos recibidos anualmente por la Fundación, por lo que ha sido necesario reorganizar el trabajo priorizando las áreas y aquellos de más amplio aliento. A su vez la sponsorización cambió –en buena medida gracias al impulso de la propia Fundación –, pasando a formar parte del paisaje cotidiano de la actividad cultural, por lo que hoy Fundación Itaú ha creado nuevas formas de apoyo a la cultura, respondiendo a las necesidades de la comunidad y de acuerdo al mandato de los tiempos.

La estrategia actual otorga singular importancia a las actividades de gestión cultural directa por parte de la Fundación así como a la búsqueda de convenios institucionales para el desarrollo y financiación de proyectos. Estas prioridades actuales marcan una fuerte continuidad histórica originada en aquel compromiso con los proyectos, que impulsaba a nuestra gente a sobrepasar la mera, aunque fundamental, función de “sponsor”, para involucrarse en los mismos, incluso, “desatornillando” butacas