La casa que decía la verdad” de Gabriel Calderón

Secretos de familia

calderon

Juan, su novia Ana y su madre Elsa se reunirán a cenar. El encuentro será en la casa que heredó Ana de su familia para que Juan cumpla una de sus promesas hacia Elsa. Ana lo chantajea con decir  que se van a casar aunque Juan considera que no es el momento. De a poco, se resquebrajará el mundo de las apariencias y lo auténtico comenzará a asomar.

 

Esa casa ha estado por generaciones en la familia de Ana, ha sido testigo de varias historias de vida, de sus mentiras, cosas no dichas, secretos, verdades a medias y verdades totales. Algo hay en la casa, como si sus paredes hablaran. Parece delatar siempre las verdades más dolorosas o vergonzosas que hacen infeliz la existencia de quienes todavía quedan vivos en la familia Suárez.

 

Desde el momento que los abuelos de Ana decidieron comprar esa casa, las palabras de la agente inmobiliara ya entrarían en el juego de las apariencias pero la casa, a lo largo del tiempo, les iría mostrando su verdadera identidad  “Señores Suárez permítanme decirles que no se van a arrepentir, si compran esta casa, les aseguro que su felicidad estará asegurada. Este es el tipo de casa en donde uno puede vivir toda su vida y no solo ustedes sino sus hijos y los hijos de sus hijos. Esta casa, si así lo quieren ustedes, verá crecer a toda su familia y será, ella misma, testigo de la felicidad y el amor de generaciones y generaciones de familias Suárez que depositen sus sueños en ella”.

La dirección de esta obra estuvo a cargo de Domingo Milesi y los actores que participaron fueron Ramiro Pallares, Mané Pérez, María José Morales, Martín García y Marinée Dourron. “El teatro siempre tiene por función desordenar, incomodar, derrotar al público que exige, cada vez con más insistencia, la distracción. Independiente a todo eso el teatro, como el bufón de la corte, debe reírse del rey, del poder, de la cultura oficial, de los modos, sabiendo que arriesga su cabeza”, afirma Gabriel Calderón en una entrevista. Con esta obra, Calderón vuelve a mostrar estos recursos e intenciones. Moviliza el pensamiento y los sentimientos de los espectadores. Devela la hipocresía, el doble discurso, la incomunicación, la confusión, la falsedad, la sed de venganza, la debilidad humana para afrontar pruebas difíciles en la vida, el amor impuro, los vicios, la desesperación. Plantea una visión polémica y en algunos casos cierta sobre la dictadura y la religión católica. Además apela a una reflexión despojada de toda autocomplacencia acerca de lo que decimos ser y somos, especialmente  cuando prima la conveniencia de uno mismo ante todo.

El espectáculo formó parte del Segundo Ciclo de Teatro Leído que se realizó los lunes 14, 21 y 28 de octubre. Está considerado un programa de estímulo a la dramaturgia nacional y estuvo organizado por la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU) y la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD)
Para esta edición se convocaron obras de dramaturgos uruguayos no estrenadas con el objetivo de tomar contacto con textos desconocidos. También se realizó un llamado a directores de trayectoria reciente y a actores y actrices interesados en la experiencia de esta modalidad de teatro semi-montado.

Los actores se presentan en escena con los libretos y van leyendo e interpretando sus parlamentos y también mencionan las acotaciones al margen. De esta forma hacen partícipe al público de una especie de ensayo donde se percibe la mirada interna, los ingredientes con los que se elaborará la obra en su totalidad y se pueden observar las formas en que serán planteadas sus escenas finales.  Una experiencia gratificante.