La deslumbrante Marrakesh

Naranjas, dulces y whisky de menta

 

“No tomes agua”. “No salgas sola de noche”. “Ojo como te vestis”. Estas eran algunas de las advertencias que la cronista recibía cuando comentaba el destino de su viaje. Por suerte, todas fueron innecesarias y quedaron guardadas en la valija, junto al abrigo “por si hace frío” que nunca salió. La idea del viaje era descubrir una cultura diferente a todo lo conocido hasta el momento. Marrakesh (Marruecos) colmó todas las expectativas.  No sólo por la carga histórica de sus monumentos y edificaciones, sino por la sensación que genera.

 

Un amable chofer vestido con su tradicional túnica y turbante nos lleva del aeropuerto al hotel. Primera sorpresa: no se puede llegar en el auto hasta la puerta porque la callecita es muy estrecha. Hay que caminar cincuenta metros con el equipaje  bajo 35 grados del mediodía marroquí. Ya desde la llegada al Riad, la exuberancia de la vegetación y los patios frescos nos dan la bienvenida. Un Riad es la opción más recomendable para quedarse. Son viejas casas de familia reacondicionadas para hotelería que están dentro de la ciudad vieja, La Medina. Es ideal quedarse alllí para poder vivir en una típica construcción arábica, con sus patios, fuentes , palmas enormes, naranjos y tortugas circulando libres por todos lados.

 

Hay a disposición del visitante grandes teteras con té de menta, una bebida que será una constante durante la estadía. Lo toman todo el tiempo y en todos lados. Lo toman ellos y lo ofrecen al turista y recharzarlo es interpretado como una ofensa. Es un té de menta y especias , con un olor agradeble y muy fuerte, al que le agregan azúcar. Cada vez que lo ofrecen, hacen la misma broma “este es el whisky bereber” y se rien, y el turista festeja el chiste aunque lo haya escuchado decenas de veces. El tercer día ya la escena se transforma en un paso de comedia.

 

Lo de “bereber” hace referencia a uno de los pueblos  originarios del desierto, y muchos de los habitantes de la ciudad descienden de ellos. Todo lo que tenga procedencia bereber es apreciado, forma parte de la tradición y se explota para obtener ciertos beneficios económicos. Vendría a ser el equivalente a algo “gauchesco” en nuestro país.Hay joyas, artesanías, alfombras y todo una lista de objetos que ellso se encargan de recalcar que es bereber, y con eso pretenden justificar el precio, que como en todos los mercados del mundo , hay que regatear.

 

Otra conveniencia de quedarse en un riad, es que se puede ir caminando a los distintos monumentos de La Medina, y sobre todo a la Plaza de Jemaa el Fna.

Esta plaza es un gran mercado al aire libre, que a la tardecita se llena de vendedores de especias, naranjas (las más dulces del universo), tatuadoras de henna, músicos, lugares para comer, encantadores de serpientes y todo tipo de personaje que uno se pueda imaginar. El bullicio y la cantidad de personas hacen que el turista tome ciertos recaudos  para posibles episodios de inseguridad, tan frecuentes en nuestra propia ciudad. El estado de alerta, se desvanece al poco rato al comprobar la realidad: Marrakesh es una ciudad muy segura donde se cuida mucho al turista.

No solo hay policias visibles cada pocos metros, sino que dan la impresión de no ser necesarios.  Los guías contratados para distintos paseos nos confirman que es una ciudad que valora mucho el turismo. Son conscientes que es la principal fuente de ingreso de la ciudad, por eso ponen mucho empeño en que los visitantes se sientan bienvenidos y seguros.

 

Alrededor de esta plaza hay 4 mezquitas. Impresiona mucho la hora del rezo. Cuando la plaza esta en plena ebullición con miles de personas, y se oyen música y gritos,  de repente se escucha la llamada del Imán a los fieles. Es una voz que viene como desde otro tiempo, con una cadencia y una entonación muy particular, muy impactante. Ante este canto, algunos abandonas sus tareas y se dirigen a su mezquita para cumplir el ritual. No todos, otros se quedan rezando en sus tiendas o ignoran el llamdo directamente. Según explican después , “alguien tiene que cuidar el negocio”.

 

 

Como parte de ese buen recibimento, también se debe destacar el buen trato, y algo que sorprende es que una gran mayoría habla más de un idioma. Además del marroquí y el francés, que son los idiomas oficiales, muchos hablan inglés y español.

Amed, uno de los guías es profesor de historia y habla 5 idiomas. Aprovechando su disponibilidad , la cronista le plantea infinidad de preguntas acerca de la cultura y la religión. Algunas incluso podían ser consideradas un tanto ofensivas, o de pura demostración de ignorancia. El las contesta todas con muchísima paciencia y  consideración. Explica cosas que seguro no están explicadas en una guía de turismo: nos cuenta que ellos quieren mucho a su Rey (poner nombre del rey). Todas las clases sociales, porque consideran que hizo muchas cosas positivas por el país, y por desarrollar el turismo lo que ha mejorado la situación económica. En muchos lugares hay pequeños altares con la imagen del rey, creados por los propios civiles que van a ponerle velas y flores.

 

Ante una pregunta sobre animales nos cuenta que para el Islam los gatos son sagrados y los perros no. Y nos pone un ejemplo: antes de rezar ellos deben higienizarse siguiendo un determinado orden.Tres veces una mano, luego la otra, tres veces un antebrazo luego el otro, tres veces la cara, y si después de todo esto , los tocase un perro, deben repetir el ritual. Si los toca un gato no, porque es sagrado. Ante la pregunta de porque esa diferencia, la respuesta es sencilla ;”porque lo dijo Alá”

 

Cuando se le consulta acerca de la libertad que notamos en las mujeres para vestirse, ante la idea preconcebida sobre este tema, nos explica que Marrakesh es una ciudad que se ha modernizado y es la que se podría llamar la más “occidentalizada” del país. También nos hace notar la difernecia entre las cuestiones religiosas y las cuestiones culturales. Hay mujeres que aunque no practiquen el Islam ortodoxo, se cubren con el velo por un tema cultural. Casi no se ven mujeres con el burka completo, pero las pocas que se ven causan verdadera impresión.

 

Una mención especial merecen los colores en Marrakesh. Están por todos lados, presentes en cada objeto y dan una sensación de vitalidad y belleza permanente.

En la arquitectura están presentes tres colores básicos: el azul que simboliza el cielo, el verde la vegetación y el blanco , la arena del desierto. Estos colores se encuentran en las cúpulas de los edificios historicos, en las casas antiguas, en los patios en las famosas puertas árabes (que merecerían una nota aparte).

De colores son también las túnicas de hombres y mujeres que se ven por las calles. Los miles de verdes de la vegetación y el naranja sin artificios de las naranjas de los árboles de la calle.

El terracota que utilizan para la construcción también se impone en el paisaje. Tanto para la muralla de La Medina, como en los edificios de la parte moderna de la ciudad.

La industria textil, tan reconocida en todo el mundo, es una fiesta para los ojos. Los rojos de las alfombras, los amarillos, los azules. El rosa fuerte, los violetas de las pashminas que los turistas compran sin parar como si nunca se hubiesen visto colores tan puros.

 

No se puedo dejar de mencionar el “azul Majorelle”. Este color se encuentra en un jardín soñado situado en la parte moderna de la ciudad. Era la casa jardín y atelier del pintor…En el año…fue adquirida por el modisto Ives Saint Laurent que la recicla y revitaliza, y la transforma en un oasis en la ciudad. Si existe un jardín del Eden se deber parecer mucho a estos jardines.

Hay …… cantidades de plantes, distribuidas por senderos, canteros, con lagos internos poblados de nenúfares con flores. En el medio de esta mini selva hay glorietas y bancos para que los turistas puedan descansar y apreciar esta maravilla , que está a metros de una avenida muy transitada.

Las construcciones y otros detalles, est´na pintadas de un color azul particular, que dejan sin palabras a la cronista y otros visitantes. Es dificil de describir, es e unta belleza tal que es casi palpable. Es el famoso Azul majorella, creación del primer propietario de la casa. Saint Laurent, le reconoce el poder a ese color y lo reaviva, mezclandolo con detalles en amarillo que resultan en una mezcla que nadie puede dejar de apreciar.

 

Quedan para otra nota la descripción de los lugares históricos , los demás jardines, las maravillosas puertas, el paseo en camello. También la visita a Essaouira y la satisfacción de poner el pie en el agua del Atlántico tan lejos de casa., y el deseo cumplido de pisar un nuevo continente.

Y queda para otro viaje la excurión de tres días al desierto que por cuestiones de agenda no se pudo hacer esta vez, y sin duda hay que hacer. Africa abre su puerta a través de Marruecos y una vez que se entra atrapa y es difícil volver atrás.

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