Los Juegos del Hambre: Un mensaje político detrás de la ficción.

La otra cara del hambre

juegos del hambre

Países invadidos por un gobierno autoritario y la rebelión de sus ciudadanos. Muchas semejanzas con algunas realidades que no son pura coincidencia.

 

El jueves 21 de noviembre se estrenó en las salas de cine de nuestro país la segunda película de la trilogía Hunger Games (Los Juegos del Hambre) de la escritora Suzanne Collins y el director Francis Lawrence. Protagonizada por Jennifer Lawrence (en el papel de Katniss Everdeen) y Josh Hutcherson (interpretando a Peeta Mellark) Catching Fire (traducida al español como En llamas) fue la película que revolucionó el cine de ciencia ficción este año.

Esta trilogía nos remonta a un futuro en donde los actuales países de América del Norte han sido invadidos por un gobierno autoritario, formando parte ahora de un solo país: Panem, conformado por trece distritos que deben atender a las necesidades del Capitolio. La película narra, en su comienzo, una histórica rebelión de los ciudadanos contra el gobierno del Capitolio, en  donde éste derrotó violentamente doce distritos, y al número trece lo destruyó por completo. Como castigo por dicha rebelión, cada año dos jóvenes (uno de cada sexo) de cada uno de los doce distritos son seleccionados por sorteo y obligados a participar en Los Juegos del Hambre. Estos aparentes “juegos” son en realidad un Reality Show en donde los participantes, inmersos en un bosque construido por la inteligencia del Capitolio, deben luchar como animales, tratando de salvarse a sí mismos sin importar qué pase alrededor, hasta que solo quede uno.

En la primera adaptación fílmica de la trilogía, Primrose Everdeen es electa para participar de los juegos en representación del distrito 12, siendo tan solo una niña. Atemorizada, su hermana Katniss se ofrece como voluntaria para participar de los juegos junto con Peeta Mellark, electo como tributo masculino para el mismo distrito. Tras pasar por varios desafíos y aventuras ambos logran triunfar en los juegos, algo insólito en la historia de los Juegos del Hambre.

En esta segunda parte de la saga, Katniss Everdeen se entera de que el Capitolio está muy resentido con ella por su desempeño en los juegos anteriores, ya que ha desatado una nueva rebelión en todos los distritos. Como consecuencia, ella y Peeta son obligados a participar nuevamente en los juegos junto a otros vencedores en años anteriores, como motivo de “celebración” de la edición número 75 de Los Juegos del Hambre.  Nuevas aventuras, nuevos personajes, nuevas alianzas hicieron que las críticas positivas de esta película por sus fanáticos superaran ampliamente las de la primera. Y lo cierto es que los ha mantenido expectantes durante las casi dos horas y media de largometraje.

Pero lo que muchos no saben o aun no han notado, es que detrás de esta atrapante historia se esconde un fuerte mensaje político y social que es el centro de lo que busca transmitir la autora con sus libros, y ahora en sus películas. No es simplemente una lucha de los buenos contra los malos, es la idea de que el poder se puede volver un arma muy peligrosa. El poder puede ser usado para el mal, haciendo que los adolescentes se peleen y compitan a muerte, sin poder decidir otra cosa.

Lo que aparentemente se pretende transmitir es la idea de revolución. La idea de que el pueblo no puede estar oprimido sino que puede y debe manifestarse, expresarse libremente. Cuando el poder de los gobernantes escapa de sus manos, deben actuar.

En el mundo de Panem, el Capitolio establece las reglas de juego y las modifica a su manera y según su conveniencia, y todo aquel que manifieste disconformidad será asesinado por quienes irónicamente se llaman “los agentes de la paz”. Es el caso del hombre que se puede ver en la imagen al comienzo de la nota. La imagen es extraída directamente de la película y pertenece a una escena en la que este anciano besa su mano y la levanta en un gesto de apoyo hacia Katniss y Peeta, motivo por el cual es inmediatamente asesinado.

Estas características son propias de un gobierno autoritario, en el cual el pueblo no tiene ni voz ni voto. Lo que propone la saga no es la anarquía, sino un gobierno en el que el pueblo pueda manifestarse y decidir, lo que vendría a ser una democracia.

En una entrevista de Hit Fix con Donald Sutherland (uno de los actores de Los Juegos del Hambre: en llamas) él expresa que se espera que estas películas sean el elemento motivador para aquellos jóvenes que han estado tanto tiempo “dormidos” en la sociedad, y esto necesita expandirse entre todas las naciones. Los jóvenes deben poder reconocer las circunstancias políticas en las que están inmersos y reconocer en ellos mismos que pueden cambiarlas.

A continuación les dejamos la entrevista completa. http://www.youtube.com/watch?v=xnDC87ABgxY